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Volver de las vacaciones rankea alto en la lista de situaciones estresantes, después de rendir exámenes y mudarse. Es un momento al cual todos le tememos, y, es imposible de evitar. Excepto que se caiga el avión, claro (?).

Mugatu

Todo comienza tres días antes, cuando por tu cuerpo empieza a recorrer un frío. El primer “hay que volver a la realidad” te ataca. Pero falta, de alguna manera te sacás ese pensamiento.

Dos días: la ansiedad crece, los temores invaden toda tu anatomía. Entrás en internet para leer algún diario, y esas noticias ya no te parecen lejanas. Te vas a acostar con un dejo de angustia.

Un día: horror, no era una pesadilla. La realidad te golpea como un gancho de zurda de Tyson. Disfrutas el triple un paseo, las comidas, y todas las actividades para desarrollar. Te sentís como un preso condenado a muerte. No querés irte a dormir, no puede ser. Armás las valijas casi lagrimeando.

Dia 0: te despertás triste, abatido. Llegó el día tan temido. Empezás a repetir en voz alta “que bien la pasamos”. Pulís los últimos detalles antes de ir al aeropuerto.

El trayecto hasta la terminal es una patada en la yugular, pedís por un milagro que nunca va a llegar. Buscás donde hacer el check in y te topas con gente de tu misma nacionalidad.

Escuchar el acento es un shock. Criticás todas las conductas de los argentinos, como si uno fuera Finlandés. A su vez ellos crítican las tuyas, todo con cara de orto.

Sherman

cara de “llegamos a Ezeiza”

 

Luego del viaje, empiezan los verdaderos problemas. En migraciones tardás menos que en el lugar del que venís. Pero no importa, puteás, te indignás porque tardaste diez minutos en pasar.

Se suma una nueva preocupación: las valijas. Que si llegan rotas, que si me chorearon los de Intercargo. En mi último viaje sucedió lo primero, pero ni ganas de reclamar.

No querés ir al free shop, pero tu pareja sí. Primera pelea postvacaciones. Obviamente, termina ganando ella. Una hora para comprar un chocolate para la gente de la oficina.

Al salir del Duty Free, te adentras en la jungla, ADUANA, el terror del viajante. Temblás pensando que vas a tener que garpar por la ropa, el ipad, el iphone o un sobre de azúcar que te afanaste de un restaurante. No quiero fomentar algo ilegal, pero, el que este libre de no pagar en aduana, que tire el primer formulario de AFIP.

Hay tres opciones:

  • Empleado copado, que sonríe y cree todo lo que decís.
  • Empleado ortiva pero que esta en otra y ni te da bola.
  • Empleado ortiva que te revisa hasta los calzones.

Huelgan las palabras para describir cual es la opción mas estresante de estas tres. Postaduana, si nadie te pasa a buscar, necesitas un taxi, o remis, para ir a tu hogar. Obvio, es más caro que un Rolex.

En el trayecto te quejás del tránsito, de la no limpieza de la ciudad. Llegás a tu departamento y te parece una cagada. Criticás hasta la alfombra que en algún momento elegiste.

Te desplomás en la cama y lo primero que se te viene a la mente es “necesito vacaciones”.

ÉL

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