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Muchísimas veces en mi vida viajé en subte. Estaba de viaje en Madrid y no fue la excepción.

Ocurrió hace 7 años, era un purrete de viaje por Europa con un amigo. Nos dirigíamos rumbo al Santiago Bernabeu, en el primer vagón de la L10 del metro de Madrid. Todo parecía normal, estabamos a dos estaciones del destino. Por altavoz anuncian la llegada a la estación Gregorio Marañon.

Estación Gregorio Marañon

Estación Gregorio Marañon

Cuando la formación llegó al andén, vemos que del segundo vagón empiezan a bajar todos los pasajeros y dos personas “discutiendo”. A uno lo veo sacar algo del bolsillo de la campera. Automáticamente se me prende una alarma y le digo a mi amigo que bajemos. Una vez en el andén, nos quedamos mirando qué era lo que pasaba. Se acerca una persona de seguridad (sin armas) y el tipo saca eso (!) plateado que tenía en el bolsillo, una pistola.

“Corré, bajá las escaleras, yo cuando pueda voy”, le grito a mi amigo que estaba más cerca de las escaleras. Yo me escondo detrás de una de las columnas de la foto, sin poder moverme porque, para el lado que vaya, iba a quedar en medio de una línea de fuego. El caco (?) apuntó al aire mientras el empleado de seguridad se le acercaba, y disparó dos veces. Se me paró el corazón, por suerte la bala no había salido. En ese momento, ya sólo porque mi amigo había bajado las escaleras, no dudo y corro hasta la escalera.

Pasan unos segundos y vemos que una señora baja con un cochecito y su bebé, le preguntamos si pudieron agarrarlo y dice qué aún no han podido. No había escuchado ningún disparo, así que le digo a mi amigo voy a subir a ver que onda. Así fue como subí, me asomé por atrás de la columna en la que me había escondido anteriormente y no veía a nadie. De golpe escucho algunos gritos dentro del tren, eran de una mujer. 

Voy despacito caminando por un andén vacío hasta la puerta de la formación. Había 3 personas de seguridad intentando agarrarlo (Un argentino de más de 50 años, un jóven español temeroso, y una mujer de unos 30 años de no más de 1.60 metros de altura). Todavía tenía la pistola en la mano, aproveché un descuido para sacarle la pistola y patearla lejos de su alcance (como en las películas). Ya estaba involucrado así qué me puse mi traje de superhéroe, para salvar a toda la comunidad madrileña (?). Tomé de la espalda al nigeriano, para qué les sea más fácil esposarlo. Pero no, se ve que los de seguridad no estaban capacitados, o la situación los había desbordado.

Agarrando al nigeriano

Agarrando al nigeriano


La gente empezaba a volver, curiosos, queriendo saber como se resolvía la situación. Pero lejos de colaborar sólo se disponían a pegarle, mientras la señora de seguridad y yo tratabamos de esposarlo. Venía una vieja y le pegaba con la cartera, uno de DHL y le pegaba un puñetazo. Finalmente cansado, y con miedo de que se escape, le grito a la de seguridad “Ponele las esposas”. Dada su inoperancia, agarré las esposas y lo terminé haciendo yo.

Finalmente el muchacho argentino de seguridad, a los empujones, saca al nigeriano del vagón. Le digo que lo lleve a un rincón y cuando levanto la cabeza, una persona de civil saca una placa y dice ser policía. Hasta ahí llegué yo, mi viaje debía continuar y no quería tener problemas legales ni tener que ir a declarar. De esa manera termina mi historía. El día que me vestí de Superhéroe en el metro de Madrid.

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