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Después de 30 horas de vuelo con una escala en Dallas llegamos a Shanghai, la ciudad mas occidental de China. El primer vuelo de Buenos Aires a Dallas se hizo largo, en un Boeing 777 de 17 años de antigüedad, con un entretenimiento a bordo escaso aproveché para dormir 3 horas y ver una película que ya ni recuerdo.

En el aeropuerto de Dallas disfruté. Teníamos 5 horas de escala, pero debido a la demora en la salida de Buenos Aires, trámites migratorios y el cambio de terminal terminamos teniando casi dos horas en las que fuimos al VIP de AMEX, el Centurion Lounge. Por lo general todos tienen un diseño muy similar, pero hay servicios que no se encuentran en Buenos Aires. Por ejemplo unos masajes o manicuría, duchas completamente equipadas para refrescarse e higienisarse antes de volver a salir. Más allá de la comida que había.


 

Luego de unas horas en el paraíso(?) nos subimos al Boeing 787 Dreamliner rumbo a Shanghai. Quiero contarles que me enamoré, ese avión es una maravilla. El entretenimiento a bordo, el sistema de las ventanas que oscurece en su totalidad el interior. El vuelo fue todo de día, salíamos 10.30 de Dallas y aterrizabamos 14.30 hora Shanghai, ibamos persiguiendo al sol. La cabina estuvo oscura todo el viaje, y esto no impedía que quienes estabamos en ventana veamos hacia el exterior.

Ya en China hicimos migraciones, aprovecho por si alguien va a venir de visita, sepan que necesitan VISA para entrar. Recogimos las maletas y nos dirigimos al Maglev, un tren de alta velocidad que te lleva al centro del Shanghai en 8 minutos exactos, llega a 431 KM/H.

Nos alojamos en el Sofitel Hotel de Nanjing Road, la calle peatonal más importante de la ciudad. Dónde a falta de arbolitos que susurran “Cambio, cambio” hay millones de chinos que te persiguen con las palabras “copy watch, sex massage, Polo shirt, iphone”.

 

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