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En el año 2015 diagramé mi primer viaje a Europa. El comienzo de la aventura comenzaría en Madrid, lugar al cual llegaba directo desde Buenos Aires.

Consulté a algunos amigos y me dieron las mejores referencias de la ciudad, así que iba con las expectativas altas. El denominador común era la frase “Vas a querer irte a vivir a Madrid”.

Recién llegado a Barajas ya empecé con el pie derecho. Tenía que ir hasta Atocha (el depto estaba a dos cuadras) y sabía que la mejor opción era el Metro. Le pregunté a una persona X que se dirigía hacia el andén y me dió la explicación con lujo de detalles. Hasta me regaló un mapita y lo marcó para que no me pierda.

Una vez fuera del subte el primer contacto visual con Madrid: Amor a primera vista. No me pregunten porque, pero había algo de ese lugar que ya en la primera impresión me conquistó.

Puerta sol madrid

Una de las primeras actividades de ese primer día fue una recorrida por el hermoso Parque Del Retiro. Un pulmón verde enorme, lleno de músicos que le aportan un ambiente increible al paseo.

Parque del Retiro

Fueron solo dos días en esta ciudad, y lamento que no hayan sido dos o tres más. En Madrid me sentía cómodo. Tiene todo, para todos. Ropa barata, historia, parques gigantes. De hecho, lo que más disfruté fue una caminata desde el Santiago Bernabeu al Palacio Real. Ahí pude conocer rincones no tan turísticos de la ciudad.

Real

Párrafo aparte para la comida: todo es exquisito, con una interminable oferta para todos. Además, los precios son bajos. Hay una estupenda variedad para celíacos, así que no van a tener problemas en la capital española para comer.

De más está decir que las altas expectativas fueron alcanzadas y superadas. Es una ciudad mágica, con un magnetismo especial.

Palacio real

Hoy estoy planeando otro viaje a esta ciudad, pero los pasajes están un poco caros. Esperemos que con la llegada de Norwegian se haga un poco más accesible viajar a Madrid, ya que volvería todos los años.

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