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A la hora de las vacaciones creo que no hay persona que se estrese al nivel del argentino. Hay muchas personas que no pueden desconectarse de su rutina, necesitan tener algo que les moleste, indignarse y quejarse.

A esta conducta habría que llamarla “shock del relax”. Es como que les aterra la perspectiva de estar un período mayor a 3 días sin preocupaciones. No por nada cuando vacacionan en Mar del Plata van a la playa mas concurrida, hacen una interminable fila en Manolo’s, van al casino, etc.

En caso de viajar al exterior, necesitan gritarle al mundo su nacionalidad. No vamos a mentir, siempre pensamos que somos mejores que el resto del mundo. Y estas conductas se desarrollan a través de distinos lugares, con síntomas que cualquiera puede reconocer. Obviamente, no todos son así, pero hay un gran porcentaje que sí.

AEROPUERTO

En Ezeiza, al no haber salido del país, el argentino puede seguir despotricando contra su tierra. Indignarse por algún piquete en la ruta (motivo lógico), por el precio del nylon, la fila de aduana o migraciones.

A la hora de hacer el check in manguea upgrade tirando cara de langa, y metiendo algún chiste sin gracia, como buscando complicidad del empleado, la cual no va a encontrar.

Siente necesidad de probarse 65 perfumes en el free shop. Luego despotrica contra el precio del café con leche con dos medialunas (chorros). Ni hablar si no lo dejan entrar al vip de Amex, ahí alza su voz y putea en arameo al empleado de turno, sin saber que ya no puede pasar con su tarjeta dorada.

Después, viene lo peor, la fila pre embarque. Esta conducta es producto de una falta de confianza en el resto. Es un miedo a que lo garquen. Tranquilos muchachos, hay lugar para todos los carry on.

AVIÓN

En el avión hay una necesidad de sentirse jefe. Muchos ven a la azafata como a una secretaria. Le manguean café o agua antes del despegue, le hacen preguntas absurdas, todo como si fuera la empleada del pasajero.

En caso de viajar en grupo, y no sentarse uno al lado del otro, se gritan de punta a punta. O peor, se paran y se ponen a charlar, obviamente no les importa molestar al que esta sentado al lado intentando dormir.

AEROPUERTO DESTINO

Dijimos que en Ezeiza se quejan de migraciones, bueno, cuando llegan a destino no dicen ni mú. Se comen una hora y nada. O sea, la queja es solo para territorio nacional.

Debe ser por miedo a que los deporten, pero en tierras extranjeras se comportan como lords. Hacen fila sin colarse y esperan pacientemente.

PLAYA

Reconocer al argentino en la playa es muy fácil. En una playa desierta se pone al lado, te clava la sombrilla pegada a la tuya y es el único que pone música al palo, preferentemente rock nacional.

Es probable que concurra con la camiseta de la selección, aunque esta conducta es muy común de los brasileros también.

SHOPPING

 

“BOLUDO, MIRA EL PRECIO DE ESTA CHOMBA TOMMY” a los gritos, revoleando la chomba, excitados como si encontraron el anillo de Sauron. El nivel de exaltación del argentino en un shopping en Miami es gigante. Es encontrar la tierra prometida.

Acá es donde se ponen en contacto con su lado más salvaje y cagan a empujones a todo aquél que se interponga entre él y su objeto de deseo.

AÑORANZA GASTRONÓMICA

Viajar al exterior implica estar dispuesto a probar cosas nuevas en materia gastronómica. Comés cosas que durante el resto del año no podés, buscás algo distinto. Pero no para el argentino. Hay un porcentaje que extraña lo de todos los días.
Es así como se emociona en un supermercado cuando encuentra un frasco de dulce de leche a precio exorbitante, o si divisa un paquete de galletitas como las Variedad.

Variedad

5 dólares el paquete (!)

El argentino es probable que termine comiendo en una parrilla, o porque no en Manolo’s (en Miami hay un local).

Estas fueron algunas conductas del argentino de vacaciones. Si faltó alguna envíen su comentario.

Disclaimer: el autor de este post es argentino. No niega que tenga varias de estas conductas. Por favor, ahorrarse las puteadas.

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