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Este breve ensayo (?) describe las sensaciones al trasladarse al aeropuerto internacional Ministro Pistarini, mejor conocido como el aeropuerto de Ezeiza.

LO BUENO DE IR A EZEIZA


Que lindo ese momento en el cual nos despedimos de nuestros compañeros de laburo, familiares, canes y/o felinos, etc. Cuando con una sonrisa en tu cara cerrás con llave la puerta y partís rumbo al aeropuerto.

Y allá vas, con esos nervios hermosos pre viaje, con tus valijas, te importa todo un bledo. Prestás atención a los costados de la ruta, es como que notás detalles de la Ricchieri.

Cuando pasás el predio que la AFA posee en Ezeiza sonreís más, ya sabés que estás a nada de llegar. Y ahí ves los carteles publicitarios, Assist Card, Travel Ace.

Llegás a Ezeiza, esquivás amablemente a los nyloneros y entrás a la terminal A (o C para los que viajan por AR). Y la verdad es que ahí adentro es como un mundo aparte, todo te parece lindo.

Yo soy de los que gustan ir con tiempo de sobra, disfruto mis últimos cigarrillos antes de subir, me gusta el aire que se respira (aún fumando).

Despachás tu equipaje, para nosotros los fumadores chance de último pucho, y pasás a ese universo maravilloso, al mundo mágico (?). Pasás migraciones y te adentrás en el free shop. Testeás un par de perfumes y probás que tan bien te quedan esos Rayban.

Capaz sos de los que se toma un café previo al embarque, o un afortunado con acceso al vip. Admirás los aviones mientras esperás tu embarque. Y ahí el mejor momento de todos, entrar al avión.

Te sentás, pensando que vas a ir a un lindo lugar a disfrutar de tus merecidas vacaciones.

En fin, no hay nada mas lindo que ir a Ezeiza.

LO MALO DE IR A EZEIZA

Te despedís de tus compañeros de laburo, que te van a manguear algo, te despedís de tus familiares, que también te manguean. El portero te manguea, el kioskero, hasta el chino del super de la vuelta te manguea.

Últimos preparativos pre viaje, te diste cuenta que no limpiaste un carajo la casa, organizás volando todo como podés, te peleás con tu pareja porque alguno de los dos  (o los dos) se olvidó de comprar las aspirinas para llevar. A 10 minutos de salir te dice que necesita urgente una ziploc.

Te fijás 45 veces si cerraste el gas, si la heladera esta bien cerrada, si la mochila del baño no pierde. Revisás minuciosamente cada rincón de la casa en búsqueda de alguna falla, terminas y volvés a arrancar el proceso.

Cerrás la puerta, te fijás si lo hiciste bien (yo tengo un gran problema con eso), bajás con todo el equipaje. Te diste cuenta que no te acordás si cerraste con llave, así que vuelta a subir y chequear. Ya cansado de luchar contra tus inseguridades bajas y subís al taxi.

El tachero te quema los cables. Te habla de como estuvo con modelos de Dotto, con modelos checas, atletas rusas, bailarinas filipinas, etc. Divaga acerca de cuan bien estaba la ciudad con Cacciatore, que el gobierno nacional/provincial/municipal es una mierda y bla, bla, bla. Lo peor es que ese viaje te va a costar un huevo.

Llegás a Ezeiza, te rompen las bolas los nyloneros, cruzás la puerta y cuando querés despachar las valijas te enterás que todavía no se puede. Bue, a matar el tiempo declarando el Iphone/tablet/go pro.

Hay un solo empleado de AFIP que atiende con una parsimonia exasperante, encima adelante tenés a 500 personas, muchos que quieren declarar hasta los Beldent. Perdés mínimo media hora.

Despachás las valijas, preocupado si llegarán a o no al destino. Momento de los últimos cigarrillos, todo por culpa de estos pro vida sana que nos sacaron el cuadrado ese que había saliendo del free shop.

Destruido vas a migraciones, 400 personas más, una vieja que se intenta colar. El que te sella el pasaporte no te dice ni “buenas noches”, le intentes meter onda, ni sonríe.

Pasas al free shop, tu jermu te tiene dos horas dando vueltas, probando perfume a diestra y siniestra. Te indignás por los precios de los Rayban.

Vas al vip de Amex, nunca te habías enterado que ya no entrás con cualquier tarjeta como antes. Bajas con la plebe, pagás un café al precio de un riñón humano. Al menos esta por arrancar el embarque.

El embarque… Antes de que arranque, ves a 7 viejas que cuarenta minutos antes preguntan en el mostrador si este es el vuelo que va a Miami. No ven la pantallita, no les interesa, preguntar es más fácil.

Empieza a armarse la fila, pasan los minutos y cada vez más gente. Ahí ya te agarra la paranoia, no voy a tener donde poner el carry on.

Finalmente, después de todo, llegas al avión, te sentás rendido. Cuando pensás en relajarte te das cuenta que te faltan horas y horas en ese asiento incomodo. Ah, de yapa, atrás se sentó una pareja con un borrego de 3 años que te patea los riñones.

Es jodido ir a Ezeiza.

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